Mostrando entradas con la etiqueta Sanación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sanación. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de julio de 2018

Sanación de las raíces de la mente


- Sanación  raíces mente -
Obra de : "Rosa Mª Gallego"

Las raíces de nuestra mente se fueron formando desde nuestro nacimiento y el desarrollo de nuestra infancia básicamente, tomando creencias heredadas o absorbidas inconscientemente del entorno, la adaptación familiar y social. También incluyen mecanismos de adaptación que esconden la “autotraición a nuestra autenticidad” y como no, el dolor de nuestro “niño interior” por  toda la programación  que recibió  para su “domesticación”. Encima de estas raíces al convertirnos en adultos fuimos construyendo nuestro árbol. Figurativamente cada rama de nuestro árbol representa una creencia nueva introyectada en nuestro ser y así, año tras año, el árbol va creciendo y tomando altura con cada nuevo acuerdo que tomamos.  La base y la fuerza del árbol está en sus raíces. Puede que las raíces del árbol posean parásitos que no dejan llegar el alimento extraído de la tierra a sus ramas y poco a poco lo van consumiendo, secando sus hojas, negándole producir frutos por falta de vitalidad.

En algunos momentos de nuestra vida podemos sentirnos así, estancados sin florecer; pero si somos capaces de autobservarnos podremos descubrir de qué está hecha la “jaula del estancamiento” y así poder liberarnos para poder crecer y expandirnos. Muchas veces el estancamiento viene de actitudes, hábitos, creencias, miedos, reacciones, negatividad del pasado que están obstaculizando nuestro progreso como ser humano. Así que el primer paso es OBSERVARNOS para detectar aquellas cosas que, en el momento actual de nuestra vida, han quedado obsoletas y habrá que abandonarlas y sustituirlas por otras. Tendremos que detectar a que ámbitos de nuestra vida afecta y ponernos a revisarlos, para ver qué es lo que ya no funciona; revisar creencias que nos limitan y nos atan; sustituirlas por otras que nos impulsen a amar la vida y cooperar con ella ofreciendo nuestros dones innatos.

Cuando empezamos a trabajar sobre nosotros mismos, aunque parezca mentira, nuestra mente subconsciente se pone a colaborar con nosotros, percibe que estamos dispuestos a hacer limpieza mental y esto le gusta porque vamos a aligerar su pesada carga. Nuestra mente nos mostrará en el presente retazos de pasado, para que tomemos consciencia de cómo se han formado algunos hábitos, creencias, reacciones… y también nos mostrará su efecto negativo, para que al tomar consciencia de su negatividad o dolor, viendo su ineficacia podamos tomar nota para sanarlo y sustituirlo por otro  más positivo

Para desparasitar nuestras raíces sólo debemos estar atentos, observarnos y ver que emociones se mueven dentro de nosotros y que creencias las sostienen. Hay creencias que son como muros y habrá que derribarlos. Toda creencia que crea infelicidad y negatividad habrá que ser sustituida por otra que nos de vitalidad y positividad. De esta forma vamos desparasitando nuestro árbol y recuperando la energía que estaba atrapada en la negatividad y la regeneramos en positividad, aumentando nuestra vitalidad, diluyendo las sombras con la luz que nos asiste. En una segunda fase podríamos conectar con la inteligencia del corazón, sin apoyarse en ninguna creencia, aunque esto es más difícil pues somos muy mentales.

Sólo la conexión con nuestro corazón puede traernos la auténtica felicidad; en su ausencia viviremos una ilusoria felicidad construida de ilusiones, que más tarde o más pronto se desvanecerá.








miércoles, 12 de agosto de 2015

Amor incondicional





Es ese amor que te transforma.

Es ese amor que te hace amar con comprensión.

Es ese amor que en contadas ocasiones sentimos en nuestros corazones.

Es ese amor que no pide nada y no excluye nada.

Es ese amor que está más allá de lo  humano.

Es ese amor que con su silencio y su paz dan clarividencia a quien acaricia.



No encontraremos el amor incondicional razonando o pensando sobre él. Este tipo de amor no se encuentra en la mente. Está en nuestro corazón. Así, que para poder conectar con él, tendremos que buscar puertas que creen esa conexión.


El amor incondicional empieza por uno mismo: aceptarse y respetarse. Cuando aprendemos a realizarlo, por extensión lo aplicaremos a los demás sin esfuerzo.



Una puerta para conectar con la energía del amor incondicional es: abandonar los juicios, para sí mismo y para los demás, y sustituirlos por la pura aceptación.


Todo juicio crea un espacio de separación, dependerá del tipo de juicio el tamaño de esta separación, pero aunque fuera pequeña ya crea una cierta distancia  por la que el amor se esfuma.  La separación no puede  abrazar el amor, es como el agua con el aceite, no pueden unirse. Donde hay juicio hay ausencia de energía amorosa. Si somos capaces, poco a poco, de darnos cuenta de que cada vez que juzgamos creamos separación, iremos dando menos importancia a los juicios que nos lleguen de otros y también iremos abandonando el hábito propio de juzgarlo todo y a todos, porque esto nos aleja de la energía amorosa, que en lugar de condenar, ejerce la comprensión de los hechos.


El amor incondicional tiene amplitud de visión y ve a las personas de forma más global, no se queda sólo con sus comportamientos o sus reacciones. Sabe que bajo las creencias, hábitos y conductas egóticas de todo ser humano habita un alma que está esperando unirse con las fuerzas espirituales, aunque no todos seamos conscientes de este deseo.



La segunda puerta es: el perdón.


El perdón nos permite poco a poco conectar con la energía del amor incondicional, hasta que llega el punto en que por pura amplitud de miras y comprensión, vemos que no tenemos nada que perdonar: pues tan solo vemos actos de la inconsciencia de la imperfección de la naturaleza humana.



La tercera puerta es: el desapego.


Desapegarse del pasado, de la historia personal, de viejos hábitos o conductas insanas, de los victimismos, de creencias negativas que no nos dejan avanzar… de todo lo que ya no nos sirve para avanzar. Desapegarse para convertirnos en seres libres que irradian amor.






viernes, 31 de julio de 2015

LIBERARSE DE LA FRUSTRACIÓN: aceptar lo que es






Al igual que a nivel interno es mejor no pelearnos con lo que vamos viendo, sino que es mejor observar sin juicios, a nivel externo ocurre algo parecido.


La frustración nos puede visitar cuando no conseguimos los objetivos propuestos, cuando no se cumplen nuestras expectativas, cuando vemos recortados nuestros derechos, cuando surgen impedimentos a los actos que queremos realizar… Básicamente podríamos resumirlo como un deseo truncado o la pérdida de algo que teníamos y  valoramos.


Cuando el resultado no es lo que esperábamos tenemos sólo dos opciones: aceptarlo y analizar las causas de forma objetiva o frente a la decepción sentir frustración y quedar enredados en la subjetividad negativa de los hechos. Está claro que la mejor opción es aceptarlo, ya que no generaremos espirales mentales negativas, sino que tan sólo sentiremos la emoción como energía pura, pero al no personalizarla negativamente, su duración será corta. Nos hará reflexionar sobre los hechos y tomar nota de posibles mejoras si las hubiera. 


Aceptar que las cosas son como son, nos sitúa en una posición que evitará el desgaste energético y nos dará capacidad de adaptación a la realidad de la situación, de una forma más constructiva y resolutiva.


Si nos peleamos con lo que es podría mermar nuestra autoestima, producir matices depresivos o ansiedad.


Durante el proceso de maduración como persona, nos encontraremos con el aprendizaje de sobreponerse a la frustración: ya no nos servirá quejarnos ni culpabilizar, sino que siendo conscientes de una determinada situación, nos sobrepondremos haciendo una valoración de los elementos presentes y ver  si es posible mejorarla haciendo algún cambio o sencillamente sólo aceptarla y saber adaptarse.




domingo, 5 de julio de 2015

HACER LAS PACES CON UNO MISMO: aceptar para transmutar





Hacer las paces con uno mismo significa no pelearse más con las cosas que vemos dentro de nosotros. No pelearse con el cuerpo, con las enfermedades, no pelearse con el ego, no pelearse con las emociones, los pensamientos, el dolor de nuestro niño interior… aceptar  de entrada cualquier cosa que aparezca en nuestro campo de consciencia. Aceptar es no huir de aquello que tenemos delante, es afrontar, verlo. Aceptar es no entrar en estado de rebelión, no escapar cuya acción y rechazo tan sólo lograrían engrandecer nuestra sombra propia y colectiva. Aceptar es ver sin condenar, pero eso no conlleva la resignación ya que buscamos una transformación en nosotros mismos para crecer y evolucionar.


Hacer las paces con nosotros mismos es ponerse en el papel de un detective e ir viendo y siguiendo pistas en nuestro interior, para ver todo aquello que debe ser transmutado. Es revivir  parcelas de pasado que la memoria trae  a nuestro presente, para liberar las energías atrapadas que conllevan y más tarde extraer cierta información que nos ayudará a crecer. Cuando esto ocurra será recomendable no implicar en nuestros recuerdos dolorosos a quienes nos rodean, ya que esto entorpecería o retrasaría su liquidación y podría crear más confusión y podría alargar el período de malestar; mejor estar solos frente al dolor y dejar que aquellas energías nos traspasen, sin retenerlas ni rechazarlas, para que puedan desvanecerse. Hay que liberar energías, depurar creencias y cambiar conductas; si no oponemos resistencia el tiempo de liberación será corto, pero si nos peleamos o identificamos demasiado con lo que aparece y sentimos, podemos quedar atrapados en una duración más larga y agravada por mayor confusión. La aparición de ciertos recuerdos nos pone delante viejas estructuras, como para ser revaloradas y procesarlas o desecharlas. Nos obliga a elegir entre lo que estamos construyendo en el presente o volver a viejos hábitos antiguos, con las consecuencias que estos implican. Nos muestra lo viejo frente a lo nuevo y, en este punto, tenemos que elegir aquello que nos sirva para avanzar positivamente. Parece que la progresión conlleva una cierta regresión que nos obliga a revisar experiencias, actitudes, creencias del pasado,   para asegurarnos de que no quedase algo aprovechable, algo que todavía nos sirviese en el momento actual. Estas regresiones, que no son agradables de revivir, también tienen la función de traernos información de como se han formado y que consecuencias nos produjeron, de alguna forma están poniendo luz, para comprender nuestro pasado y trascenderlo conscientemente. Cuando atravesamos una crisis en nuestro interior se están produciendo cambios que están desmoronando viejas creencias, que ya no pueden sostenerse y hay que armarse de suficiente paciencia  para saber moverse en terrenos movedizos y mantener un mínimo equilibrio –el que nos sea posible, mientras aprendemos a diferenciar y separar lo sutil de lo denso.   


En ocasiones si la tempestad interna es muy intensa, quizás tengamos que buscar ayuda, porque el naufragio nos haya dejado sin asideros y nos sintamos a la deriva. Todo dependerá de la fortaleza que nos quede en aquellos momentos.


La mente humana alberga mucho dolor interno, parte individual, parte colectivo. Este dolor está formado por experiencias dolorosas reales, pero también por creencias erróneas y mentiras que nos hemos creído y aceptado como verdades, que nos hacen sufrir.


Hacer las paces con nosotros mismos es ir creando una parcela de paz en nuestro interior, que poco a poco se va ensanchando y ganando terreno hasta elevar nuestro nivel de consciencia, para conectar con nuestra sabiduría interna.





sábado, 31 de enero de 2015

Ley de sustitución






Nuestros pensamientos son como semillas, según sea la calidad de éstas darán frutos de determinadas características. Si son positivos obtendremos mejor estado interno, si son negativos crearemos desasosiego. Aprender a discernirlos es importante, ya que nuestro estado anímico se verá muy beneficiado si optamos por los positivos e intentamos contrarrestar los negativos; para ello podemos optar por la ley de sustitución eligiendo uno positivo contrario al negativo. Por ejemplo si tenemos pensamientos pesimistas y de incertidumbre, podríamos sustituirlos por: “ahora me siento seguro/a y avanzo con alegría”, si creo que me falta simpatía: “soy simpática” o si estamos nerviosos: “estoy tranquilo/a, tengo paz”. Seguramente al principio no creeremos lo que estamos afirmando, pero no importa serán semillas que irán al subconsciente y, si somos constantes, notaremos  como crecen esos pensamientos en nosotros y además sentiremos que se van convirtiendo en una realidad, pasado un tiempo de haber trabajado con ellas. Muchas emociones negativas son inducidas o alimentadas por los pensamientos negativos, así que también mejorará nuestro estado emocional. Podemos elegir las afirmaciones sustitutorias desde nuestro fuero interno o tomarlas de algún libro, si nos gustan y parecen efectivas para  la situación por la que estemos atravesando. Es importante que se realicen de forma afirmativa, en presente y recitarlas o escribirlas a diario durante un tiempo, para que  arraiguen en nuestro subconsciente.

Los pensamientos son veloces y estamos acostumbrados, más que a pensar, a ser absorbidos por ellos y seguir su hilo de conducción de forma inconsciente. Pasamos de un pensamiento a otro con rapidez, nuestra mente dialoga con  nosotros o con otros, es infatigable en este aspecto, es como si quisiera monopolizarnos. Necesitamos hacernos más conscientes de la calidad de lo que circula en nuestra mente, para poder discriminar  lo negativo, lo que daña nuestra autoestima, lo que hace frenar nuestros proyectos, lo que no nos deja evolucionar y así poder aplicar la ley de sustitución  con el fin de  cambiarlo.


La ley de sustitución es de fácil aplicación, sólo se necesita crear el hábito de repetir la afirmación positiva a diario, durante un período de tiempo determinado. Seguramente hasta que la sintamos como auténtica, cuando seamos capaces de identificarnos con la afirmación y sintamos el beneficio de su efecto. Podemos hacerlo de forma escrita, oral o mentalmente, pero si es importante instaurar una rutina diaria, para conseguir que sea efectiva. Por propia experiencia puedo decir que tras aplicarla con asiduidad y de forma escrita, he sentido una gran mejoría en mi forma de pensar, produciendo cambios armoniosas en mi vida. Es un método sencillo que puede proporcionarnos una mejoría de nuestra mente, produciendo cambios externos, si somos constantes. Entre otras cosas nos ayudará a crear más optimismo en nuestra vida. Quizás no sea la panacea para todos nuestros males, pero nos aligerará el peso de la negatividad y nos sentiremos más livianos en nuestro día a día.


Por último recordar que Louise L. Hay en muchos de sus libros hace referencia a las afirmaciones positivas y que en concreto en su libro “Sana tu cuerpo” tiene afirmaciones  creadas para cada tipo de dolencia corporal. Trabajando con ellas se puede eliminar la pauta mental que la ha creado y así mejorar nuestra salud corporal.




miércoles, 7 de enero de 2015

La confianza


Confío en la vida
Obra de : "Rosa Mª Gallego"


  
La confianza es un factor importante que no deberíamos de olvidar, sino más bien alentar. Ella es la que nos inspira día a día a proseguir nuestra senda. Incluso cuando el sol se esconde, nos sostiene e impulsa hacia delante, hasta que le vemos brillar de nuevo.


Podemos confiar en:

El proceso de la vida
En nosotros mismos
En nuestros proyectos
En nuestros sueños
En nuestra intuición escuchando el corazón
En nuestros ideales…


Donde hay confianza es más fácil  hallar soluciones, porque hay la sensación de que ya existen, sólo hay que encontrarlas o crearlas, pero en nuestro interior tenemos la certeza de que aparecerán y porque creemos se materializarán, a pesar de que en un principio desconozcamos como se realizarán. Nos libera de miedos, porque nuestro punto de mira se centra en solucionar y no nos quedamos atascados frente a un problema en sí y esto nos aporta positividad a cualquier situación. Nos da más fuerza para superar cualquier obstáculo que pueda presentarse.


Hace que estemos abiertos a la solución, abiertos a nosotros mismos, a los demás, a la vida, al universo… y  esta apertura se convierte en una especie de radar que captará aquello que necesitamos en nuestra vida. Si confiamos en la vida ella nos responderá y en algún momento sentiremos su abrazo, a pesar de que quizás tengamos que hacer frente a alguna dificultad.


La confianza contiene la esperanza y la fe. La fe es creer en lo que todavía no vemos, pero en lo profundo de nuestro corazón sabemos que es realizable y ya hemos oído: que la fe mueve montañas. La confianza es una energía positiva que nos hace seguir adelante, en nuestro día a día, aportándonos optimismo, alegría y bienestar. Es como una fuente de vitaminas anímicas gratuitas a nuestra disposición, tan sólo tenemos que decidirnos a tomarla.




domingo, 7 de septiembre de 2014

Sueños: descifrarlos para comprenderlos



Noche acogiendo al sueño.
Obra de: "Rosa Mª Gallego"



Existe toda una simbología general con respecto al significado de los sueños, pero también paralelamente  existe una simbología muy peculiar y singular, que tan sólo pertenece al individuo que ha producido el sueño. Es como un traje a medida, hecho particularmente y  en exclusiva para él. La primera simbología podríamos llamarla “Universal”.Utiliza símbolos que parecen pertenecer al inconsciente colectivo y por eso nuestras mentes pueden compartirlos  y utilizarlos al fabricar un sueño. Podemos encontrar su significado en libros  o internet fácilmente.

En cuanto a la segunda simbología que podríamos llamar “Personal”, si queremos profundizar y aprender de nuestros propios sueños, requerirá más esfuerzo y participación por nuestra parte, que una simple consulta del símbolo del sueño, para poder avanzar en la técnica de descifrar y comprender nuestra propia simbología. Como ejemplo  de esto, decir que tuve una época en la cual soñé mucho con mi mascota: mi perro. Se convirtió en un símbolo propio y en muchos de mis sueños lo interpreté como representación de mi parte emocional. En otros sueños aparecía mi hermana y deduje que se trataba de un aspecto de mi propia personalidad.  También me he encontrado con alguno donde aparecía mi madre o mi padre, pero que también representaban partes de mi misma. Nosotros somos los destinatarios de nuestros propios sueños y la mayor parte de sus símbolos tienen que ver con nuestra propia persona, aunque en ocasiones y minoritariamente haya otros que se refieran a personas de nuestro entorno. En este apartado cada cual debe experimentar e investigar su propia simbología, porque es totalmente individual e intransferible.

Podemos encontrarnos sueños con una simbología mixta.

Cuando iniciamos su interpretación es bueno acogerla desde todos los ángulos posibles, es decir si aparece un símbolo universal, contemplamos su significado como tal y por otro lado también nos preguntaremos interiormente su significado particular para nosotros, ya que en ese preciso momento somos como detectives al acecho de reunir cuantas más pistas mejor, para hallar la trama de su argumento y desvelar su oculto y preciado mensaje. Es importante observar los verbos que aparecen, ya que nos indicarán las acciones: correr, subir, bajar, huir, comer…. así como el estado anímico que se vive durante el sueño: felicidad, miedo, terror, ansiedad, satisfacción… La suma de todo ello va a revelarnos su significado para poder traducirlo en un lenguaje comprensible para nuestro consciente.
A la hora de su interpretación necesitaremos mucha paciencia, porque sólo  de releer su historia, la mayoría de las veces la primera sensación va a ser de enfrentarnos a un texto sin sentido, sin pies ni cabeza: un verdadero galimatías. Esto es bastante desalentador, sobre todo si somos principiantes. Nos puede  ser de gran ayuda llevar un diario que contenga los acontecimientos, pensamientos y sentimientos más relevantes del día, así tendremos una buena referencia de los posibles ingredientes que hayan podido formar parte de él.

Un sueño nos puede aconsejar, alertar, prevenir, compensar, diagnosticar, recordar… y como no hacernos más conscientes de cosas que pasamos por alto durante el transcurso del día. Es un puente de comunicación que va del inconsciente a nuestro consciente y como el lenguaje del inconsciente son los símbolos, estos son su alfabeto y en nuestras manos está el realizar su traducción.

No siempre recordamos nuestros sueños, aunque se dice que soñamos a diario. Los sueños pueden ser fuente de aprendizaje para nosotros, pero debemos recordar que son muy efímeros y se desvanecen rápidamente al despertarnos, por ello será bueno coger el hábito de anotarlos tan pronto como podamos, para que no caigan en el olvido, en saco vacío.

Hay técnicas para ayudarnos en este menester. Algunos aconsejan dejar papel y lápiz cerca de la mesita de noche y acostarse con la orden mental de recordar el sueño al despertarse, al igual que a veces nos  acostamos recordándonos a nosotros mismos una hora determinada para despertarnos y aunque pueda parecer extraño muchas veces funciona.

Por mi propia experiencia, decir que en épocas de crisis o crecimiento personal pueden convertirse en un elemento de autoayuda. Nos cuentan cosas y descubren partes de nosotros mismos. En algunas de estas épocas he recopilado  e interpretado gran cantidad de ellos. Cuando  nos hacemos amigos de nuestros sueños,  se crea un lazo más íntimo gracias a la confianza que les depositamos, que nos permite poder recordarlos con mayor facilidad. Los clasifiqué  por fechas y cada uno lleva su título clave. La metodología que utilicé fue sacada de leer algunos libros y sintetizada en los siguientes pasos:
  1. Anotar tan pronto como se pueda el sueño en un papel.
  2. Releerlo y dar un título clavé al sueño, un título que tenga valor para nosotros.  
  3. Hacer una primera versión muy simplificada de la historia. Podría ser una o dos frases que reflejen lo más relevante del sueño, como una sinopsis de una película. Podemos empezar por anotar algunas palabras clave, para romper el hielo y luego ya daremos con la frase adecuada que pueda resumir su argumento. 
  4. Anotar los símbolos, descifrarlos: ver si pueden ser universales y/o contemplarlos también con nuestra simbología propia, individual. En la simbología propia sería bueno hacernos preguntas sobre cada objeto o personaje. 
  5. Ver qué acciones se ejecutan.
  6. Observar cual ha sido nuestro estado emocional durante el sueño. 
  7. Por último pasar a la interpretación del sueño con la suma de todos los datos anteriores. 
Para el cuarto paso recordar que la técnica de “Asociación libre” puede sernos muy útil para descifrar nuestros símbolos personales, válido tanto para los representados por objetos como por personajes. Nos haremos preguntas que puedan responderse con una característica, que nos ayude a dilucidar su significado.



martes, 29 de julio de 2014

Autoestima: coger el timón de nuestra vida.



 Generando autoestima.
Obra de: "Rosa Mª Gallego"




Autoestima es aceptarnos con nuestros puntos fuertes y débiles.

Es valorar nuestras cualidades y apoyarnos en ellas.

Es no abandonarnos cuando nos sentimos mal, pasamos por una crisis o tenemos dolor emocional.

Es  ser sinceros con nosotros mismos, sin poner tapujos, poder ver la realidad sin maquillarla- aunque nos disguste y a veces pueda dolernos.

Es acoger todas nuestras emociones, sin cribar las desagradables sino más bien descifrar sus mensajes.

Autoestima no es complacer siempre a los demás y ponernos en último lugar, sino ver mis necesidades y también las de los otros y si fuera conveniente mirar de llegar a un acuerdo justo,  actuando con asertividad.

Es  saber poner límites  a los otros, si fuera oportuno en un momento dado.

Es valorar nuestra propia individualidad, peculiaridad como ser humano y no renunciar a ella para ser como otros quieren que seamos o agradarles, adaptándonos a un  rol que no tiene nada que ver con nosotros, pero que adoptamos por miedo al rechazo y la soledad.

Es aceptar que no podemos gustar a todo el mundo y  no sentirnos heridos si alguien nos rechaza o da esquinazo. Es poder verlo como una cuestión de falta de afinidad sin personalizarlo ni sentirnos heridos, aunque nos sepa mal, pero sin dramatizar estos acontecimientos.  Quizás  deberíamos centrarnos en ver con quien congeniamos más y nos sentimos más a gusto y poner ahí nuestra energía; ponerla donde vaya a ser bien recibida. Si nos cierran las puertas ¿para qué vamos a insistir? Otras se abrirán.

Es tratar con respeto a  los demás y a nosotros mismos.

Es  reconocer  nuestros errores para poder mejorarnos y crecer como personas.

Es perdonarnos por nuestros fallos.

Es tener en cuenta a los demás, pero sin olvidarnos de nosotros mismos.

Es saber escuchar lo que sentimos por dentro  y ver que necesitamos en cada momento.

Es aprender a amarnos y respetarnos a nosotros mismos y también a los demás.

Es cuidar de nuestro cuerpo proporcionándole buenos alimentos, ejercicio y no tomar sustancias tóxicas.

Es encontrar un espacio para aquellas cosas que nos gustan y nutren nuestra alma.

Es perseguir nuestro sueño personal.

Es poner nuestra energía en las cosas que son realmente importantes para nosotros y no malgastarla en críticas baldías y pequeñeces.

Es estar en paz con nosotros mismos y abiertos a la vida.

Es confiar en el proceso de la vida y pensar que de todo aquello que nos ocurra, algo podremos aprender siempre.

Si a alguna persona le gustan los cuentos, con referencia a la autoestima puede conectar con:


www.poesiadesdelalma.blogspot.com  (entrada 22 enero 2014)
apartado cuentos: El elefante rosado” 




viernes, 23 de mayo de 2014

Perseguir, alimentar y realizar nuestros sueños





 Observando: obra de "Rosa Mª Gallego"


Nuestros verdaderos sueños personales en ocasiones pueden sentirse como necesidades vitales, más que como ilusiones. Podemos desear muchas cosas y podemos ilusionarnos con ellas, pero también pronto nos cansaremos y alejaremos, dejándolas de lado.  Creo que cuando el deseo se convierte en una necesidad prioritaria, quizás sea la señal de que es nuestro verdadero sueño personal, siempre que sea creativo y sano, claro está. Este tipo de sueño nos estimulará, nos dará fuerza, motivación, ganas de construir, crear... nunca nos permitirá dañarnos ni dañar a nadie. Más bien querrá ser una contribución social. Los hay de muy diferentes tipos: de creatividad, investigación, pedagógicos, asistir y cuidar de otros, sociales... el abanico es muy amplio; cada cual puede escucharse a sí mismo y ver qué es lo que realmente le estimula y saber poner allí su energía. Nuestro verdadero sueño podrá dar a nuestra existencia un eje que podrá convertirse en una especie de columna vertebral, que permitirá enderezar nuestra vida y movernos con pasión en el día a día. Nos dará energía para ir  derribando posibles obstáculos y  tener la suficiente paciencia de ir paso a paso hacia la meta propuesta.

También es posible que hallemos nuestro sueño por pura casualidad, sin saber que teníamos una predisposición innata hasta haber conectado con él, por puro azar de unas determinadas circunstancias. Sea como sea nuestra intuición nos dirá que lo sigamos.

Para algunas personas este objetivo es tan claro, que ya de pequeños son conscientes de él y cuando crecen se ponen a realizarlo de inmediato, otros tendrán que descubrirlo y unos cuantos aún conociéndolo lo extraviarán para reencontrarlo más tarde.

En mi caso a los 7 años me encantaba hacer dibujos para otros niños, por el puro hecho de crearlos y entretenerme. Cuando me preguntaron en el colegio que quería ser de mayor, respondí con convicción y seguridad: pintora; pero luego los años pasaron y no supe elegir correctamente mi salida profesional, pues en aquel momento no sabía que las hubieran y fueran rentables en el campo artístico, para poder vivir de ellas. Así que derivé en una formación profesional administrativa y empecé a trabajar cuando finalicé los estudios. Esta mala elección me pasó factura años más tarde física y psicológicamente. Dentro de mí algo me decía que me había equivocado en algo muy importante: la profesión tenía que ser vocacional y seguramente las fuerzas creativas que existían en mí, al no poder darles salida, se revelaron en forma de ansiedad y desasosiego. De todas formas esta sublevación energética hizo que me pusiera en marcha y subsanara el hecho de haber menospreciado el arte, arrinconándolo en mi vida. Así es que la ansiedad vivida en aquellos momentos fue el motor de búsqueda incesante de un espacio para poder dedicarme al arte: un taller. Esta necesidad fue vivida más fuerte que el hambre y el sueño, era vital realizar cambios en mi vida para poder sanar. Así que también empecé a encontrar tiempo para pintar después del trabajo y también incluí los fines de semana, ya que esta actividad me demandaba cada vez más tiempo y dedicación. También me matriculé en una escuela de arte, para adquirir los conocimientos básicos, aunque prácticamente me considero autodidacta, pues nunca he seguido al pie de la letra  los tecnicismos pictóricos. La práctica, experiencia y descubrimientos del día a día del propio artista creo que es lo que le hace  progresar. Poco a poco mi destreza fue  prosperando y poco a poco pude darle una salida más profesional a mi arte, con lo cual también mejoró mi estado emocional y crecimiento interior.

En la actualidad tengo dos trabajos: uno profesional que me da una cierta estabilidad y el otro artístico vocacional más inestable, pero me siento en paz conmigo misma por poder canalizar las energías creativas y mostrar mis obras en exposiciones y ferias, sabiendo que podrán verlas y adquirir alguna en cualquier momento. Por otro lado esta circunstancia laboral dual me da más libertad para crear y recrearme en cada obra que realizo,  sin estar sometida a presiones por plazos impuestos por terceros.

Iniciamos nuestro sueño como se pueda, es como el andar de los niños, no saben pero intentan levantarse y un pie sigue al otro y poco a poco empiezan a andar. Al principio no dominas los pinceles ni tienes precisión en los trazos, podría decirse que hay hasta cierta torpeza; pero lo importante es experimentar, la misma pasión con el pasar de los días, junto con el estudio y la observación hace que se progrese y como no también existe el factor inspiración, que sólo nos pide para asistirnos que estemos trabajando.

Sabes que persigues un sueño, quizás sea una quimera; ni tan siquiera se tiene la certeza de que se va a llegar al final del camino, tan sólo se sabe que se está en la ruta que nuestra alma ha elegido, porque conoce que está destinada a seguirla y sabe que para hallar cierta paz tiene que recorrerla y  que de no hacerlo podría, aunque fuera en un recóndito lugar, sentir cierta frustración.

Día a día también nuestro sueño personal nos alimenta  y nos hace crecer como personas y lo más bonito es que la realización de nuestro sueño también alimentará a otros.



jueves, 3 de abril de 2014

Emociones: soltar algunas es sanar




Anaranjado: Obra de  "Rosa Mª Gallego"

 
Algunas  emociones como  el miedo, la culpa y el resentimiento deberían ser manejadas con cautela, para no albergarlas demasiado tiempo en  nuestro interior y darles cabida sólo para sentirlas cuando se producen y  dejarlas marchar,  una vez hemos procesado la información que nos  traen.  De no hacerlo nos exponemos a su toxicidad, que podría repercutir física o psicológicamente. Es bueno sentir las emociones, pero tenemos que aprender a gestionarlas.

Estas  tres emociones deben ser observadas cuando emergen, ver que las ha provocado, responsabilizándonos y tomando nota sobre las verdades que nos traen  y ver si nos invitan a realizar algún cambio, pero sin olvidar soltarlas cuanto antes. Para ello será necesario no alimentarlas demasiado  con nuestro diálogo interno ni externo, para no crear un ancla.

El resentimiento crea un ancla en el pasado que  se alimenta y crece con la crítica. Cada vez que recordamos un resentimiento,   nos conectamos con su toxicidad, así que mejor dejarlo marchar. Eliminarlo de nuestra memoria.

Muchas veces el resentimiento está relacionado con nuestro orgullo, con nuestra personalidad. Si dejamos de personalizar todo lo que nos acontece en nuestras relaciones,  aprendemos a aceptar la realidad de los otros, a no formarnos expectativas  y asumir que no somos el centro del universo, podremos disminuir los resentimientos. Eso sí, siempre cribando que situaciones y personas son las que nos convienen, para nuestro bienestar; pero sin estar en pie de guerra con ellas por sus acciones. Si algo no nos gusta, lo expresamos para ver si se produce un cambio, marcamos nuestros límites y en última instancia, si la cosa no mejora, siempre podremos alejarnos.

La culpa posee una toxicidad, que en grado extremo nos carcome por dentro y no nos deja descansar. Es una mala compañera, se lleva la paz y en ocasiones puede  mermar la autoestima. La culpa debería no durar más de 10 minutos, el tiempo suficiente para reciclar los hechos, atender lo que nos dice nuestra conciencia y efectuar los cambios necesarios, para evitar en el futuro el mismo resultado. Recordar que somos humanos y estamos aquí para aprender de nuestros errores. Cada día es una página en blanco por escribir y empieza una nueva oportunidad para hacerlo mejor. Es posible que cometamos equivocaciones, nos caemos y nos levantamos de nuevo; aprendemos de nuestras experiencias.

Para evitar la toxicidad de esta emoción es importante estar alerta y no dejarse perseguir ni aprisionar  por sus sermones.

En cuanto al miedo puede reflejar  una falta de confianza. También puede producir un estado de alerta. Nos pone a  la defensiva, a la expectativa para que tengamos cuidado con lo que tenemos que enfrentar, ya se trate de una situación o una persona. No hay que evitarlo, es bueno escucharlo y ver que esconde o que información nos quiere transmitir. Con él ocurre lo mismo que con las dos anteriores emociones, que ya hemos comentado, es bueno verlo, pero no alimentarlo con nuestra imaginación. Ver si se trata de un miedo palpable del presente o proyectado en el futuro. Los miedos del futuro se pueden erradicar centrándonos en el aquí y el ahora, concentrándonos minuto a minuto; tomando las medidas necesarias de previsión y haciendo cuanto está en nuestras manos, pero sin contaminar el presente con una imaginación negativa. No adelantemos acontecimientos y pongamos nuestra energía en la confianza y esperanza. Lo que el futuro nos deparará, ya lo veremos; pero que no se nos escape el presente paralizados por el miedo. El futuro se construye con las energías del día a día y el factor destino. No podemos controlarlo todo, pero si podemos aprender a tener una actitud positiva y confiar en la vida, que es nuestra maestra.

El miedo en las relaciones: si en una relación hay miedo, habrá que examinar que lo provoca. Tendremos que distinguir si es un miedo del presente o uno que se revive del pasado o si son miedos que nos ocasiona una determinada situación o persona.

En el primer caso tendríamos que trabajar nuestros miedos internos del pasado, afrontarlos  y liquidarlos. En el segundo trabajar nuestras inseguridades.  Por último,  si  se tratara de una persona en particular,  estudiaremos cautelosamente la situación, incluida la persona  -ya que quizás nuestra intuición quiere hablarnos a través de ese miedo-. Nos tomaremos el tiempo necesario para discriminar si se trata de una relación tóxica; si ese fuera el caso no olvidemos tomar cierta distancia interior, cuando tratemos con ella. En casos extremos, si vemos que están destruyendo nuestra autoestima y nuestros límites, cortar por lo sano la relación. Donde no hay respeto, no puede afianzarse la confianza. Donde hay miedo, no puede haber amor, porque no puede fluir.

Aprender a gestionar nuestras emociones nos aportará más paz a nuestras vidas. No olvidemos, que como todo aprendizaje, nos llevará tiempo para poder realizarlo con soltura, pero lo importante es empezar.

Recomendable es, sobre este tema, el libro “La Sabiduría de las Emociones” de Norberto Levy.




jueves, 20 de marzo de 2014

La medicina del perdón





El saber perdonar nos trae salud a nuestro cuerpo, ya que nos libera de la toxicidad que trae consigo el rencor.

A veces parece que es más fácil perdonar desde una consciencia religiosa, porque invita a ejercerlo, se nos recuerda su importancia; pero creo que en la sociedad en que vivimos, donde se rinde un culto excesivo a la personalidad, donde la empatía no abunda, la cualidad del  perdón está velada por el orgullo personal y por una falta de potenciación de los valores espirituales. Estos valores existen, pero minoritariamente. Así que desde mi punto de vista, tendremos que aprender a ejercitar con más soltura el perdón,  por la sencilla razón que nos ayuda a liberar el  resentimiento y a no cerrar nuestro corazón. No es nada fácil perdonar cuando sentimos que nos han herido, se han burlado o no nos han tratado con respeto, pero  si somos conscientes que perdonar también es una cuestión de salud, quizás nos será más fácil. Nos permite no endurecernos y nos invita a aumentar nuestra comprensión para así poder ejercer el perdón. Nos ayuda a madurar y a crecer como personas y lo más importante nos reporta salud física y psicológica.

Perdonar no quiere decir tolerar. Perdonar es liberarse del rencor  voluntariamente y tolerar es permitir, no hacer nada para que alguna situación que no nos favorece cambie. Son dos cosas bien distintas.

Se trata de perdonar para preservar nuestra salud física y mental. Sencillamente nos sentiremos más ligeros haciéndolo y también nuestro corazón espiritual lo agradecerá. Perdonar es liberar nuestra memoria de la  toxicidad del dolor de un recuerdo. Si aprendemos  a hacerlo  en el momento en que se produce un hecho, ayudamos a nuestra memoria a no almacenar más dolor, dejamos de acumularlo. En cuanto al que ya tenemos almacenado, ese por si solo irá saliendo dosificado en determinadas situaciones, ofreciéndonos en cada una de ellas la posibilidad de ser sanado. Todo dependerá de que estemos los suficientemente despiertos en ese momento, para revivirlo sin resistencia alguna a plena conciencia y no dialogar con él, solo verlo, para que nos traspase y se marche para siempre. Esto no es fácil, pero intentarlo ya es  un verdadero  reto que tiene su mérito. Retener el dolor con el resentimiento, no nos ayuda a evolucionar ni a ver las cosas desde el presente, sino que nos ata al pasado y obstaculiza el  vivir  el hoy con plena libertad, ya que arrastramos con nosotros ese dolor que no supimos liberar.



Cristo
Obra de: "Rosa Mª Gallego"

 
Nos urge aprender y hacer del perdón un hábito en nuestras vidas para poder mejorarla. Como todo nuevo hábito nos va a costar incorporarlo, pero todo es cuestión de práctica; un día tras otro, no importar que a veces no lo consigamos de buenas a primeras, pero si es importante reconocer que necesitamos implantarlo en nuestras vidas, para poder subir un escalón más en nuestro crecimiento espiritual y también para preservar nuestra salud.

Cuando nos cuesta perdonar el primer paso es tomar conciencia de la resistencia de no querer hacerlo y sencillamente observarlo. El segundo paso  podría ser aplicar las palabras del “Ho’oponopono” como si de un mantra se tratara: “lo siento, perdona, te amo, gracias. Repetirlo hasta que notemos que nos calmamos en nuestro interior”.

Al igual que desecharíamos alimentos insalubres, también debemos limpiar nuestra mente y nuestro corazón de los elementos tóxicos que se hayan instalado, por negligencia, porque por lo general no se nos educa para perdonar, sino todo lo contrario para albergar resentimientos, sentimientos de revancha, venganza y en casos extremos para el odio.  Cansados estamos de oír en conversaciones: “me la va a pagar….”, “este se va acordar de mí…”, “pero que se ha creído… se la voy a devolver….”.

Creo que tenemos que empezar cuanto antes, para ir deshaciendo poco a poco, todo el dolor que la humanidad ha acumulado y hay que empezar por uno mismo, hasta que consigamos extenderlo mayoritariamente; creo que sería necesario instalarlo en la educación de nuestros hijos, si queremos una sociedad más humana, más espiritual. Eso sí, sin dogmatismos, ni imposiciones, todo de forma natural y desde el libre albedrio. Creo que en este caso  además de las reflexiones y las palabras, es importante practicar con el ejemplo, los niños son muy miméticos.    

Recordar que si en una familia la falta de perdón está instaurada, será fácil que puramente por aprendizaje los hijos también lo adquieran. Claro que habrá, como siempre, la excepción de la regla y aun así habrá niños que ya vienen con el perdón gravado en su corazón desde su nacimiento, pero estos serán pocos. 


Desde aquí hago una invitación a probarlo, a experimentar como nos sentimos por dentro cuando perdonamos al momento. Se puede debatir aquello que no nos gusta o no estamos de acuerdo desde una posición más neutra, más pacífica y también quizás podemos esperar a hacerlo en otro momento en que sintamos que el otro está más predispuesto, menos cerrado.  

¿Qué nos puede ayudar a perdonar? Ya sabemos, que no siempre es fácil, así que podemos recordar que muchas veces las personas decimos las cosas sin pensar, puro automatismo; otras sencillamente no actuamos bien porque estamos reviviendo una herida emocional o porque la negatividad se ha apoderado en aquel momento de nosotros. Creo que ver que la gran mayoría actuamos de forma inconsciente, quizás nos pueda ayudar a tomar más perspectiva y a personalizar menos las acciones o respuestas que recibimos de los otros.  Para las personas que profesen algún tipo de fé religiosa, pueden apoyarse en su religión para tomar fuerzas.

La medicina del perdón es gratuita y está al alcance de todos, solo  hay que querer tomarla y ponerla en práctica.

Por último me gustaría transcribir unas palabras del libro “Los diez secretos para el éxito y la paz interior” de Wayne W. Dyer que dice así:

“…Básicamente estoy instándole a que deje de tomarse su vida de una manera tan personal. Puede poner fin a cualquier sufrimiento recordándose a sí mismo que nada en el universo es personal. Evidentemente, le han enseñado a tomarse la vida de una manera muy personal; pero se trata de una ilusión. Doblegue su ego y libérese del todo de tomarse nada en absoluto personalmente.”