domingo, 8 de noviembre de 2015

Ilustraciones de Rosa Mª Gallego





 "El árbol de la vida"




 "Niño Solar"





 "Renacimiento del Agua"





 "Avivando Llama Violeta"





 "Flores ofreciendo su fragancia"




jueves, 10 de septiembre de 2015

Sanación de las raíces de la mente


- Sanación  raíces mente -
Obra de : "Rosa Mª Gallego"

Las raíces de nuestra mente se fueron formando desde nuestro nacimiento y el desarrollo de nuestra infancia básicamente, tomando creencias heredadas o absorbidas inconscientemente del entorno, la adaptación familiar y social. También incluyen mecanismos de adaptación que esconden la “autotraición a nuestra autenticidad” y como no, el dolor de nuestro “niño interior” por  toda la programación  que recibió  para su “domesticación”. Encima de estas raíces al convertirnos en adultos fuimos construyendo nuestro árbol. Figurativamente cada rama de nuestro árbol representa una creencia nueva introyectada en nuestro ser y así, año tras año, el árbol va creciendo y tomando altura con cada nuevo acuerdo que tomamos.  La base y la fuerza del árbol está en sus raíces. Puede que las raíces del árbol posean parásitos que no dejan llegar el alimento extraído de la tierra a sus ramas y poco a poco lo van consumiendo, secando sus hojas, negándole producir frutos por falta de vitalidad.

En algunos momentos de nuestra vida podemos sentirnos así, estancados sin florecer; pero si somos capaces de autobservarnos podremos descubrir de qué está hecha la “jaula del estancamiento” y así poder liberarnos para poder crecer y expandirnos. Muchas veces el estancamiento viene de actitudes, hábitos, creencias, miedos, reacciones, negatividad del pasado que están obstaculizando nuestro progreso como ser humano. Así que el primer paso es OBSERVARNOS para detectar aquellas cosas que, en el momento actual de nuestra vida, han quedado obsoletas y habrá que abandonarlas y sustituirlas por otras. Tendremos que detectar a que ámbitos de nuestra vida afecta y ponernos a revisarlos, para ver qué es lo que ya no funciona; revisar creencias que nos limitan y nos atan; sustituirlas por otras que nos impulsen a amar la vida y cooperar con ella ofreciendo nuestros dones innatos.

Cuando empezamos a trabajar sobre nosotros mismos, aunque parezca mentira, nuestra mente subconsciente se pone a colaborar con nosotros, percibe que estamos dispuestos a hacer limpieza mental y esto le gusta porque vamos a aligerar su pesada carga. Nuestra mente nos mostrará en el presente retazos de pasado, para que tomemos consciencia de cómo se han formado algunos hábitos, creencias, reacciones… y también nos mostrará su efecto negativo, para que al tomar consciencia de su negatividad o dolor, viendo su ineficacia podamos tomar nota para sanarlo y sustituirlo por otro  más positivo.

Para desparasitar nuestras raíces sólo debemos estar atentos, observarnos y ver que emociones se mueven dentro de nosotros y que creencias las sostienen. Toda creencia que crea infelicidad y negatividad habrá que ser sustituida por otra que nos de vitalidad y positividad. De esta forma vamos desparasitando nuestro árbol y recuperando la energía que estaba atrapada en la negatividad y la regeneramos en positividad, aumentando nuestra vitalidad, diluyendo las sombras con la luz que nos asiste.



miércoles, 9 de septiembre de 2015

La rendición de nuestro ego y la consciencia





La herida profunda de nuestro Ego se llama desamor, vacío,  soledad. Cuando la herida se reabre puede surgir cualquier drama y vivirlo visceralmente, incluso de forma exagerada. Nuestro Ego necesita llenarse de cosas exteriores: adquisiciones materiales, relaciones, estudios…  para poder sentir su seguridad interior. Esto sólo demuestra su fragilidad y su miedo a la soledad, a no ser amado, a no ser acogido y reconocido. El Ego es muy egocéntrico debido a ese vacío y separatividad que siente internamente. En un momento dado también nuestra conciencia le conquistará, porqué el mismo será capaz de darse cuenta del dolor de esa separatividad, de su demanda externa de amor, de su necesidad de los otros para llenarse. Percibe su pobreza interna y siente que nada podrá colmarle. Será consciente de querer recibir el amor exteriormente y actuará para conseguirlo, pero también se dará cuenta de que  sólo el amor que pueda brotar de su propio ser podrá llenarle (del cual  se habrá tenido ya algún vislumbre para poder comparar *”el otro estado”) y es en este punto donde se  derrumba, porque reconoce que nada externo podrá llenarle y se rinde, teniendo por único  acompañante  su dolor. Sabe que ya no hay huida posible. Siente un gran vacío y una pérdida de identidad, que no puede evadir y que por él mismo no puede deshacer. Se queda sólo frente a su dolor, esperando diluirse en ese otro estado,  esperando ser amado por nosotros mismos, para ser redimido. Es nuestro propio amor su medicina sanadora, porque sus entrañas sólo quieren amor, pero reconoce ya que hay otro tipo de amor más genuino, que es el único que le podrá  saciar y que éste no procede de lo externo, tendrá que ser nutrido desde nuestro interior. Mientras la dualidad siga, integrémosle con amor en nuestra personalidad, aprendamos a amarnos a nosotros mismos, tal y como estemos; plena acogida sin juicios. Más tarde, no se sabe cuándo, todo nuestro ser será absorbido por una nueva energía amorosa;  pero antes a modo de preparación, para poder ser acogida, cada parte de nuestro ser tiene que desearla profundamente, rendirse: no ofrecer resistencia alguna, para convertirse en un receptáculo de la nueva energía.


(*)”El otro estado” : es la conexión con tu espacio interno, donde no existen los conceptos preconcebidos. En un lugar vacío de pensamientos, vacío de pasado, vacío de todos tus condicionamientos. Resulta ser un lugar donde reina la calma, la autenticidad. Resides ahí, sin conceptos, sin condicionamientos, en estado de total apertura, sin juicios, sin apegos; abierto plenamente al ahora, sin ataduras –donde el tiempo no te oprime y tan solo acompaña a tu presencia, se fusiona con cada acción que realizas. No hay stress  tan sólo calma.


miércoles, 12 de agosto de 2015

Amor incondicional





Es ese amor que te transforma.

Es ese amor que te hace amar con comprensión.

Es ese amor que en contadas ocasiones sentimos en nuestros corazones.

Es ese amor que no pide nada y no excluye nada.

Es ese amor que está más allá de lo  humano.

Es ese amor que con su silencio y su paz dan clarividencia a quien acaricia.



No encontraremos el amor incondicional razonando o pensando sobre él. Este tipo de amor no se encuentra en la mente. Está en nuestro corazón. Así, que para poder conectar con él, tendremos que buscar puertas que creen esa conexión.


El amor incondicional empieza por uno mismo: aceptarse y respetarse. Cuando aprendemos a realizarlo, por extensión lo aplicaremos a los demás sin esfuerzo.



Una puerta para conectar con la energía del amor incondicional es: abandonar los juicios, para sí mismo y para los demás, y sustituirlos por la pura aceptación.


Todo juicio crea un espacio de separación, dependerá del tipo de juicio el tamaño de esta separación, pero aunque fuera pequeña ya crea una cierta distancia  por la que el amor se esfuma.  La separación no puede  abrazar el amor, es como el agua con el aceite, no pueden unirse. Donde hay juicio hay ausencia de energía amorosa. Si somos capaces, poco a poco, de darnos cuenta de que cada vez que juzgamos creamos separación, iremos dando menos importancia a los juicios que nos lleguen de otros y también iremos abandonando el hábito propio de juzgarlo todo y a todos, porque esto nos aleja de la energía amorosa, que en lugar de condenar, ejerce la comprensión de los hechos.


El amor incondicional tiene amplitud de visión y ve a las personas de forma más global, no se queda sólo con sus comportamientos o sus reacciones. Sabe que bajo las creencias, hábitos y conductas egóticas de todo ser humano habita un alma que está esperando unirse con las fuerzas espirituales, aunque no todos seamos conscientes de este deseo.



La segunda puerta es: el perdón.


El perdón nos permite poco a poco conectar con la energía del amor incondicional, hasta que llega el punto en que por pura amplitud de miras y comprensión, vemos que no tenemos nada que perdonar: pues tan solo vemos actos de la inconsciencia de la imperfección de la naturaleza humana.



La tercera puerta es: el desapego.


Desapegarse del pasado, de la historia personal, de viejos hábitos o conductas insanas, de los victimismos, de creencias negativas que no nos dejan avanzar… de todo lo que ya no nos sirve para avanzar. Desapegarse para convertirnos en seres libres que irradian amor.






viernes, 31 de julio de 2015

LIBERARSE DE LA FRUSTRACIÓN: aceptar lo que es






Al igual que a nivel interno es mejor no pelearnos con lo que vamos viendo, sino que es mejor observar sin juicios, a nivel externo ocurre algo parecido.


La frustración nos puede visitar cuando no conseguimos los objetivos propuestos, cuando no se cumplen nuestras expectativas, cuando vemos recortados nuestros derechos, cuando surgen impedimentos a los actos que queremos realizar… Básicamente podríamos resumirlo como un deseo truncado o la pérdida de algo que teníamos y  valoramos.


Cuando el resultado no es lo que esperábamos tenemos sólo dos opciones: aceptarlo y analizar las causas de forma objetiva o frente a la decepción sentir frustración y quedar enredados en la subjetividad negativa de los hechos. Está claro que la mejor opción es aceptarlo, ya que no generaremos espirales mentales negativas, sino que tan sólo sentiremos la emoción como energía pura, pero al no personalizarla negativamente, su duración será corta. Nos hará reflexionar sobre los hechos y tomar nota de posibles mejoras si las hubiera. 


Aceptar que las cosas son como son, nos sitúa en una posición que evitará el desgaste energético y nos dará capacidad de adaptación a la realidad de la situación, de una forma más constructiva y resolutiva.


Si nos peleamos con lo que es podría mermar nuestra autoestima, producir matices depresivos o ansiedad.


Durante el proceso de maduración como persona, nos encontraremos con el aprendizaje de sobreponerse a la frustración: ya no nos servirá quejarnos ni culpabilizar, sino que siendo conscientes de una determinada situación, nos sobrepondremos haciendo una valoración de los elementos presentes y ver  si es posible mejorarla haciendo algún cambio o sencillamente sólo aceptarla y saber adaptarse.




domingo, 5 de julio de 2015

HACER LAS PACES CON UNO MISMO: aceptar para transmutar





Hacer las paces con uno mismo significa no pelearse más con las cosas que vemos dentro de nosotros. No pelearse con el cuerpo, con las enfermedades, no pelearse con el ego, no pelearse con las emociones, los pensamientos, el dolor de nuestro niño interior… aceptar  de entrada cualquier cosa que aparezca en nuestro campo de consciencia. Aceptar es no huir de aquello que tenemos delante, es afrontar, verlo. Aceptar es no entrar en estado de rebelión, no escapar cuya acción y rechazo tan sólo lograrían engrandecer nuestra sombra propia y colectiva. Aceptar es ver sin condenar, pero eso no conlleva la resignación ya que buscamos una transformación en nosotros mismos para crecer y evolucionar.


Hacer las paces con nosotros mismos es ponerse en el papel de un detective e ir viendo y siguiendo pistas en nuestro interior, para ver todo aquello que debe ser transmutado. Es revivir  parcelas de pasado que la memoria trae  a nuestro presente, para liberar las energías atrapadas que conllevan y más tarde extraer cierta información que nos ayudará a crecer. Cuando esto ocurra será recomendable no implicar en nuestros recuerdos dolorosos a quienes nos rodean, ya que esto entorpecería o retrasaría su liquidación y podría crear más confusión y podría alargar el período de malestar; mejor estar solos frente al dolor y dejar que aquellas energías nos traspasen, sin retenerlas ni rechazarlas, para que puedan desvanecerse. Hay que liberar energías, depurar creencias y cambiar conductas; si no oponemos resistencia el tiempo de liberación será corto, pero si nos peleamos o identificamos demasiado con lo que aparece y sentimos, podemos quedar atrapados en una duración más larga y agravada por mayor confusión. La aparición de ciertos recuerdos nos pone delante viejas estructuras, como para ser revaloradas y procesarlas o desecharlas. Nos obliga a elegir entre lo que estamos construyendo en el presente o volver a viejos hábitos antiguos, con las consecuencias que estos implican. Nos muestra lo viejo frente a lo nuevo y, en este punto, tenemos que elegir aquello que nos sirva para avanzar positivamente. Parece que la progresión conlleva una cierta regresión que nos obliga a revisar experiencias, actitudes, creencias del pasado,   para asegurarnos de que no quedase algo aprovechable, algo que todavía nos sirviese en el momento actual. Estas regresiones, que no son agradables de revivir, también tienen la función de traernos información de como se han formado y que consecuencias nos produjeron, de alguna forma están poniendo luz, para comprender nuestro pasado y trascenderlo conscientemente. Cuando atravesamos una crisis en nuestro interior se están produciendo cambios que están desmoronando viejas creencias, que ya no pueden sostenerse y hay que armarse de suficiente paciencia  para saber moverse en terrenos movedizos y mantener un mínimo equilibrio –el que nos sea posible, mientras aprendemos a diferenciar y separar lo sutil de lo denso.   


En ocasiones si la tempestad interna es muy intensa, quizás tengamos que buscar ayuda, porque el naufragio nos haya dejado sin asideros y nos sintamos a la deriva. Todo dependerá de la fortaleza que nos quede en aquellos momentos.


La mente humana alberga mucho dolor interno, parte individual, parte colectivo. Este dolor está formado por experiencias dolorosas reales, pero también por creencias erróneas y mentiras que nos hemos creído y aceptado como verdades, que nos hacen sufrir.


Hacer las paces con nosotros mismos es ir creando una parcela de paz en nuestro interior, que poco a poco se va ensanchando y ganando terreno hasta elevar nuestro nivel de consciencia, para conectar con nuestra sabiduría interna.





jueves, 12 de febrero de 2015

X Premio de pintura y escultura Joan Bosch Boldú (en Barcelona)




  
"Esperanza": obra  de "Rosa Mª Gallego", 
seleccionada para el concurso



X Premio de pintura y escultura Joan Bosch Boldú

Exposición colectiva, de las obras seleccionadas para este concurso, que se realizará  del 19 de febrero al 6 de marzo.

Inauguración el 19 de febrero a las 19:30 h

BCM Gallery
c/. Bailén, 134
08009 BARCELONA






sábado, 31 de enero de 2015

Ley de sustitución






Nuestros pensamientos son como semillas, según sea la calidad de éstas darán frutos de determinadas características. Si son positivos obtendremos mejor estado interno, si son negativos crearemos desasosiego. Aprender a discernirlos es importante, ya que nuestro estado anímico se verá muy beneficiado si optamos por los positivos e intentamos contrarrestar los negativos; para ello podemos optar por la ley de sustitución eligiendo uno positivo contrario al negativo. Por ejemplo si tenemos pensamientos pesimistas y de incertidumbre, podríamos sustituirlos por: “ahora me siento seguro/a y avanzo con alegría”, si creo que me falta simpatía: “soy simpática” o si estamos nerviosos: “estoy tranquilo/a, tengo paz”. Seguramente al principio no creeremos lo que estamos afirmando, pero no importa serán semillas que irán al subconsciente y, si somos constantes, notaremos  como crecen esos pensamientos en nosotros y además sentiremos que se van convirtiendo en una realidad, pasado un tiempo de haber trabajado con ellas. Muchas emociones negativas son inducidas o alimentadas por los pensamientos negativos, así que también mejorará nuestro estado emocional. Podemos elegir las afirmaciones sustitutorias desde nuestro fuero interno o tomarlas de algún libro, si nos gustan y parecen efectivas para  la situación por la que estemos atravesando. Es importante que se realicen de forma afirmativa, en presente y recitarlas o escribirlas a diario durante un tiempo, para que  arraiguen en nuestro subconsciente.

Los pensamientos son veloces y estamos acostumbrados, más que a pensar, a ser absorbidos por ellos y seguir su hilo de conducción de forma inconsciente. Pasamos de un pensamiento a otro con rapidez, nuestra mente dialoga con  nosotros o con otros, es infatigable en este aspecto, es como si quisiera monopolizarnos. Necesitamos hacernos más conscientes de la calidad de lo que circula en nuestra mente, para poder discriminar  lo negativo, lo que daña nuestra autoestima, lo que hace frenar nuestros proyectos, lo que no nos deja evolucionar y así poder aplicar la ley de sustitución  con el fin de  cambiarlo.


La ley de sustitución es de fácil aplicación, sólo se necesita crear el hábito de repetir la afirmación positiva a diario, durante un período de tiempo determinado. Seguramente hasta que la sintamos como auténtica, cuando seamos capaces de identificarnos con la afirmación y sintamos el beneficio de su efecto. Podemos hacerlo de forma escrita, oral o mentalmente, pero si es importante instaurar una rutina diaria, para conseguir que sea efectiva. Por propia experiencia puedo decir que tras aplicarla con asiduidad y de forma escrita, he sentido una gran mejoría en mi forma de pensar, produciendo cambios armoniosas en mi vida. Es un método sencillo que puede proporcionarnos una mejoría de nuestra mente, produciendo cambios externos, si somos constantes. Entre otras cosas nos ayudará a crear más optimismo en nuestra vida. Quizás no sea la panacea para todos nuestros males, pero nos aligerará el peso de la negatividad y nos sentiremos más livianos en nuestro día a día.


Por último recordar que Louise L. Hay en muchos de sus libros hace referencia a las afirmaciones positivas y que en concreto en su libro “Sana tu cuerpo” tiene afirmaciones  creadas para cada tipo de dolencia corporal. Trabajando con ellas se puede eliminar la pauta mental que la ha creado y así mejorar nuestra salud corporal.




miércoles, 7 de enero de 2015

La confianza


Confío en la vida
Obra de : "Rosa Mª Gallego"


  
La confianza es un factor importante que no deberíamos de olvidar, sino más bien alentar. Ella es la que nos inspira día a día a proseguir nuestra senda. Incluso cuando el sol se esconde, nos sostiene e impulsa hacia delante, hasta que le vemos brillar de nuevo.


Podemos confiar en:

El proceso de la vida
En nosotros mismos
En nuestros proyectos
En nuestros sueños
En nuestra intuición escuchando el corazón
En nuestros ideales…


Donde hay confianza es más fácil  hallar soluciones, porque hay la sensación de que ya existen, sólo hay que encontrarlas o crearlas, pero en nuestro interior tenemos la certeza de que aparecerán y porque creemos se materializarán, a pesar de que en un principio desconozcamos como se realizarán. Nos libera de miedos, porque nuestro punto de mira se centra en solucionar y no nos quedamos atascados frente a un problema en sí y esto nos aporta positividad a cualquier situación. Nos da más fuerza para superar cualquier obstáculo que pueda presentarse.


Hace que estemos abiertos a la solución, abiertos a nosotros mismos, a los demás, a la vida, al universo… y  esta apertura se convierte en una especie de radar que captará aquello que necesitamos en nuestra vida. Si confiamos en la vida ella nos responderá y en algún momento sentiremos su abrazo, a pesar de que quizás tengamos que hacer frente a alguna dificultad.


La confianza contiene la esperanza y la fe. La fe es creer en lo que todavía no vemos, pero en lo profundo de nuestro corazón sabemos que es realizable y ya hemos oído: que la fe mueve montañas. La confianza es una energía positiva que nos hace seguir adelante, en nuestro día a día, aportándonos optimismo, alegría y bienestar. Es como una fuente de vitaminas anímicas gratuitas a nuestra disposición, tan sólo tenemos que decidirnos a tomarla.




lunes, 29 de diciembre de 2014

Aprender a gestionar nuestra sombra



Amando nuestra sombra-
Obra de : "Rosa Mª Gallego"


Para nuestra propia salud emocional y mental es aconsejable que veamos nuestra sombra desde un aspecto maternal, como quien ve a un niño que le falta madurar, y abrazarla sin juicio, desde la neutralidad; intentando comprender que si está con nosotros, será por algún motivo. Maduramos cuando no negamos nuestra negatividad, pero tampoco nos culpabilizamos por tenerla; cuando no la apoyamos, pero ya no pretendemos ser perfectos, tan solo humanos; cuando la escuchamos, pero no nos dejamos arrastrar por su contenido, evitando así tomar una acción indebida; cuando aprendemos a gestionarla intentando no salpicar a los demás, aunque no siempre lo consigamos y empezamos a observarla sin juicios, para que pueda sanar con la simple observación.  Hemos de aprender a ver todo lo que hay dentro de nosotros sin miedo ni tapujos, para poder trascenderlo. Cada matiz negativo está hecho de desamor, de dolor y a veces de un dolor que enterramos bien a dentro y que  por no saber qué hacer con él, negamos su existencia. La pura observación sin juicios puede sanarnos. Nuestra parte oscura sólo quiere hablarnos, para ello se hace notar y a veces con malos modos y desde malas posturas –ya que siente o sintió nuestro rechazo- pero quiere que le prestemos atención y hacernos conscientes de su dolor y quizás nos recuerde,  aunque sus formas sean rudas, exageradas y desagradables,  algo que para nosotros es importante y hemos descuidado o quizás se trate de una fuerza salvaje, que en el fondo solo quiere ser amada, reconocida, acogida y si actuamos con suficiente sabiduría seremos capaces de domarla y darle el ingrediente que le hace falta para madurar y transformarse.

A veces no queremos sentir lo que sentimos y desearíamos huir y alejarnos, pero como no podemos porque está dentro de nosotros, tendremos que aprender a reconducir nuestras partes de sombra, cuando asomen la cabeza y quizás también tomar cierta distancia, aunque esto sea difícil porque todo tomará un matiz muy personal y con cierto grado dramático, que intentará captar toda nuestra atención. Darnos permiso para no ser perfectos, pero si para aprender de nuestras experiencias y emociones. Una de las cosas que más necesitamos para nosotros mismos y  también los demás es: más amor y comprensión.

Cuando aparece algún matiz de nuestra sombra, quizás sería  necesario –más que juzgarlo como un aspecto malo, preguntarnos (como en los sueños) que mensaje oculta ese aspecto, que nos está demandando, que pone al descubierto, por qué  se nos aparece, qué cualidad necesita para madurar y poder dársela o sencillamente tan sólo escucharla sin más. Muchos de sus aspectos tienen raíces en el pasado y se nos aparecen para que al verlos sin juicio, puedan sanar; sólo necesitan de nuestra presencia, como cuando un amigo necesita tan sólo ser escuchado, pero sin tomar partido de nada de lo que diga, tan sólo escuchar.

No nos peleemos más con nuestra sombra, no la alimentemos en su negatividad, ni la  exterioricemos; pero abracémosla con amor, compasión, sin juicios y de forma impersonal: como quien acoge un niño en su tristeza o pataleta, para que nuestro abrazo la diluya.

Cuando nos veamos envueltos por su negatividad, más valdrá no tomar grandes decisiones y ser comedidos en acciones.  Mejor esperar a que pase la ola de confusión y tengamos una visión más clara para poder decidir. Conducir cuando hay niebla es peligroso y delicado, mejor esperar a ver de nuevo el sol.


Una forma de gestionar nuestra sombra, podría ser:


  1. Abrazarla: Crear un espacio interno para su acogida, en lugar de querer huir o rechazarla, estar ahí con ella.
  2. Observarla sin juicio: aunque su discurso no nos guste, como cuando escuchamos a un amigo, haciendo acto de presencia; para poder conocer sus razonamientos, su versión, ver que conducta quiere tomar, comprender sus motivos y ver dónde están sus raíces.
  3. Darnos una tregua de inacción: tiempo de pura observación y más tarde de reflexión, donde es aconsejable no tomar acción alguna de forma impulsiva y convulsiva. Dejar que pase la ola interna y procurar que esto no salpique al exterior.  Posteriormente y después de reflexionar, si es necesario, la emprenderemos.
  4. Aprender de ella: observar lo que nos remueve, puede que nos hable de una cualidad que nos falta desarrollar, de un dolor no reconocido o no redimido, de una carencia. Puede que su conducta quiera protegernos de algo, quizás ponga al descubierto alguna lección que nos queda por aprender o sencillamente nos muestra algo que ignorábamos. No olvidemos que es también una maestra de la vida.