jueves, 10 de septiembre de 2015

Sanación de las raíces de la mente


- Sanación  raíces mente -
Obra de : "Rosa Mª Gallego"

Las raíces de nuestra mente se fueron formando desde nuestro nacimiento y el desarrollo de nuestra infancia básicamente, tomando creencias heredadas o absorbidas inconscientemente del entorno, la adaptación familiar y social. También incluyen mecanismos de adaptación que esconden la “autotraición a nuestra autenticidad” y como no, el dolor de nuestro “niño interior” por  toda la programación  que recibió  para su “domesticación”. Encima de estas raíces al convertirnos en adultos fuimos construyendo nuestro árbol. Figurativamente cada rama de nuestro árbol representa una creencia nueva introyectada en nuestro ser y así, año tras año, el árbol va creciendo y tomando altura con cada nuevo acuerdo que tomamos.  La base y la fuerza del árbol está en sus raíces. Puede que las raíces del árbol posean parásitos que no dejan llegar el alimento extraído de la tierra a sus ramas y poco a poco lo van consumiendo, secando sus hojas, negándole producir frutos por falta de vitalidad.

En algunos momentos de nuestra vida podemos sentirnos así, estancados sin florecer; pero si somos capaces de autobservarnos podremos descubrir de qué está hecha la “jaula del estancamiento” y así poder liberarnos para poder crecer y expandirnos. Muchas veces el estancamiento viene de actitudes, hábitos, creencias, miedos, reacciones, negatividad del pasado que están obstaculizando nuestro progreso como ser humano. Así que el primer paso es OBSERVARNOS para detectar aquellas cosas que, en el momento actual de nuestra vida, han quedado obsoletas y habrá que abandonarlas y sustituirlas por otras. Tendremos que detectar a que ámbitos de nuestra vida afecta y ponernos a revisarlos, para ver qué es lo que ya no funciona; revisar creencias que nos limitan y nos atan; sustituirlas por otras que nos impulsen a amar la vida y cooperar con ella ofreciendo nuestros dones innatos.

Cuando empezamos a trabajar sobre nosotros mismos, aunque parezca mentira, nuestra mente subconsciente se pone a colaborar con nosotros, percibe que estamos dispuestos a hacer limpieza mental y esto le gusta porque vamos a aligerar su pesada carga. Nuestra mente nos mostrará en el presente retazos de pasado, para que tomemos consciencia de cómo se han formado algunos hábitos, creencias, reacciones… y también nos mostrará su efecto negativo, para que al tomar consciencia de su negatividad o dolor, viendo su ineficacia podamos tomar nota para sanarlo y sustituirlo por otro  más positivo.

Para desparasitar nuestras raíces sólo debemos estar atentos, observarnos y ver que emociones se mueven dentro de nosotros y que creencias las sostienen. Toda creencia que crea infelicidad y negatividad habrá que ser sustituida por otra que nos de vitalidad y positividad. De esta forma vamos desparasitando nuestro árbol y recuperando la energía que estaba atrapada en la negatividad y la regeneramos en positividad, aumentando nuestra vitalidad, diluyendo las sombras con la luz que nos asiste.



miércoles, 9 de septiembre de 2015

La rendición de nuestro ego y la consciencia





La herida profunda de nuestro Ego se llama desamor, vacío,  soledad. Cuando la herida se reabre puede surgir cualquier drama y vivirlo visceralmente, incluso de forma exagerada. Nuestro Ego necesita llenarse de cosas exteriores: adquisiciones materiales, relaciones, estudios…  para poder sentir su seguridad interior. Esto sólo demuestra su fragilidad y su miedo a la soledad, a no ser amado, a no ser acogido y reconocido. El Ego es muy egocéntrico debido a ese vacío y separatividad que siente internamente. En un momento dado también nuestra conciencia le conquistará, porqué el mismo será capaz de darse cuenta del dolor de esa separatividad, de su demanda externa de amor, de su necesidad de los otros para llenarse. Percibe su pobreza interna y siente que nada podrá colmarle. Será consciente de querer recibir el amor exteriormente y actuará para conseguirlo, pero también se dará cuenta de que  sólo el amor que pueda brotar de su propio ser podrá llenarle (del cual  se habrá tenido ya algún vislumbre para poder comparar *”el otro estado”) y es en este punto donde se  derrumba, porque reconoce que nada externo podrá llenarle y se rinde, teniendo por único  acompañante  su dolor. Sabe que ya no hay huida posible. Siente un gran vacío y una pérdida de identidad, que no puede evadir y que por él mismo no puede deshacer. Se queda sólo frente a su dolor, esperando diluirse en ese otro estado,  esperando ser amado por nosotros mismos, para ser redimido. Es nuestro propio amor su medicina sanadora, porque sus entrañas sólo quieren amor, pero reconoce ya que hay otro tipo de amor más genuino, que es el único que le podrá  saciar y que éste no procede de lo externo, tendrá que ser nutrido desde nuestro interior. Mientras la dualidad siga, integrémosle con amor en nuestra personalidad, aprendamos a amarnos a nosotros mismos, tal y como estemos; plena acogida sin juicios. Más tarde, no se sabe cuándo, todo nuestro ser será absorbido por una nueva energía amorosa;  pero antes a modo de preparación, para poder ser acogida, cada parte de nuestro ser tiene que desearla profundamente, rendirse: no ofrecer resistencia alguna, para convertirse en un receptáculo de la nueva energía.


(*)”El otro estado” : es la conexión con tu espacio interno, donde no existen los conceptos preconcebidos. En un lugar vacío de pensamientos, vacío de pasado, vacío de todos tus condicionamientos. Resulta ser un lugar donde reina la calma, la autenticidad. Resides ahí, sin conceptos, sin condicionamientos, en estado de total apertura, sin juicios, sin apegos; abierto plenamente al ahora, sin ataduras –donde el tiempo no te oprime y tan solo acompaña a tu presencia, se fusiona con cada acción que realizas. No hay stress  tan sólo calma.