miércoles, 9 de septiembre de 2015

La rendición de nuestro ego y la consciencia





La herida profunda de nuestro Ego se llama desamor, vacío,  soledad. Cuando la herida se reabre puede surgir cualquier drama y vivirlo visceralmente, incluso de forma exagerada. Nuestro Ego necesita llenarse de cosas exteriores: adquisiciones materiales, relaciones, estudios…  para poder sentir su seguridad interior. Esto sólo demuestra su fragilidad y su miedo a la soledad, a no ser amado, a no ser acogido y reconocido. El Ego es muy egocéntrico debido a ese vacío y separatividad que siente internamente. En un momento dado también nuestra conciencia le conquistará, porqué el mismo será capaz de darse cuenta del dolor de esa separatividad, de su demanda externa de amor, de su necesidad de los otros para llenarse. Percibe su pobreza interna y siente que nada podrá colmarle. Será consciente de querer recibir el amor exteriormente y actuará para conseguirlo, pero también se dará cuenta de que  sólo el amor que pueda brotar de su propio ser podrá llenarle (del cual  se habrá tenido ya algún vislumbre para poder comparar *”el otro estado”) y es en este punto donde se  derrumba, porque reconoce que nada externo podrá llenarle y se rinde, teniendo por único  acompañante  su dolor. Sabe que ya no hay huida posible. Siente un gran vacío y una pérdida de identidad, que no puede evadir y que por él mismo no puede deshacer. Se queda sólo frente a su dolor, esperando diluirse en ese otro estado,  esperando ser amado por nosotros mismos, para ser redimido. Es nuestro propio amor su medicina sanadora, porque sus entrañas sólo quieren amor, pero reconoce ya que hay otro tipo de amor más genuino, que es el único que le podrá  saciar y que éste no procede de lo externo, tendrá que ser nutrido desde nuestro interior. Mientras la dualidad siga, integrémosle con amor en nuestra personalidad, aprendamos a amarnos a nosotros mismos, tal y como estemos; plena acogida sin juicios. Más tarde, no se sabe cuándo, todo nuestro ser será absorbido por una nueva energía amorosa;  pero antes a modo de preparación, para poder ser acogida, cada parte de nuestro ser tiene que desearla profundamente, rendirse: no ofrecer resistencia alguna, para convertirse en un receptáculo de la nueva energía.


(*)”El otro estado” : es la conexión con tu espacio interno, donde no existen los conceptos preconcebidos. En un lugar vacío de pensamientos, vacío de pasado, vacío de todos tus condicionamientos. Resulta ser un lugar donde reina la calma, la autenticidad. Resides ahí, sin conceptos, sin condicionamientos, en estado de total apertura, sin juicios, sin apegos; abierto plenamente al ahora, sin ataduras –donde el tiempo no te oprime y tan solo acompaña a tu presencia, se fusiona con cada acción que realizas. No hay stress  tan sólo calma.


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