lunes, 29 de diciembre de 2014

Aprender a gestionar nuestra sombra



Amando nuestra sombra-
Obra de : "Rosa Mª Gallego"


Para nuestra propia salud emocional y mental es aconsejable que veamos nuestra sombra desde un aspecto maternal, como quien ve a un niño que le falta madurar, y abrazarla sin juicio, desde la neutralidad; intentando comprender que si está con nosotros, será por algún motivo. Maduramos cuando no negamos nuestra negatividad, pero tampoco nos culpabilizamos por tenerla; cuando no la apoyamos, pero ya no pretendemos ser perfectos, tan solo humanos; cuando la escuchamos, pero no nos dejamos arrastrar por su contenido, evitando así tomar una acción indebida; cuando aprendemos a gestionarla intentando no salpicar a los demás, aunque no siempre lo consigamos y empezamos a observarla sin juicios, para que pueda sanar con la simple observación.  Hemos de aprender a ver todo lo que hay dentro de nosotros sin miedo ni tapujos, para poder trascenderlo. Cada matiz negativo está hecho de desamor, de dolor y a veces de un dolor que enterramos bien a dentro y que  por no saber qué hacer con él, negamos su existencia. La pura observación sin juicios puede sanarnos. Nuestra parte oscura sólo quiere hablarnos, para ello se hace notar y a veces con malos modos y desde malas posturas –ya que siente o sintió nuestro rechazo- pero quiere que le prestemos atención y hacernos conscientes de su dolor y quizás nos recuerde,  aunque sus formas sean rudas, exageradas y desagradables,  algo que para nosotros es importante y hemos descuidado o quizás se trate de una fuerza salvaje, que en el fondo solo quiere ser amada, reconocida, acogida y si actuamos con suficiente sabiduría seremos capaces de domarla y darle el ingrediente que le hace falta para madurar y transformarse.

A veces no queremos sentir lo que sentimos y desearíamos huir y alejarnos, pero como no podemos porque está dentro de nosotros, tendremos que aprender a reconducir nuestras partes de sombra, cuando asomen la cabeza y quizás también tomar cierta distancia, aunque esto sea difícil porque todo tomará un matiz muy personal y con cierto grado dramático, que intentará captar toda nuestra atención. Darnos permiso para no ser perfectos, pero si para aprender de nuestras experiencias y emociones. Una de las cosas que más necesitamos para nosotros mismos y  también los demás es: más amor y comprensión.

Cuando aparece algún matiz de nuestra sombra, quizás sería  necesario –más que juzgarlo como un aspecto malo, preguntarnos (como en los sueños) que mensaje oculta ese aspecto, que nos está demandando, que pone al descubierto, por qué  se nos aparece, qué cualidad necesita para madurar y poder dársela o sencillamente tan sólo escucharla sin más. Muchos de sus aspectos tienen raíces en el pasado y se nos aparecen para que al verlos sin juicio, puedan sanar; sólo necesitan de nuestra presencia, como cuando un amigo necesita tan sólo ser escuchado, pero sin tomar partido de nada de lo que diga, tan sólo escuchar.

No nos peleemos más con nuestra sombra, no la alimentemos en su negatividad, ni la  exterioricemos; pero abracémosla con amor, compasión, sin juicios y de forma impersonal: como quien acoge un niño en su tristeza o pataleta, para que nuestro abrazo la diluya.

Cuando nos veamos envueltos por su negatividad, más valdrá no tomar grandes decisiones y ser comedidos en acciones.  Mejor esperar a que pase la ola de confusión y tengamos una visión más clara para poder decidir. Conducir cuando hay niebla es peligroso y delicado, mejor esperar a ver de nuevo el sol.


Una forma de gestionar nuestra sombra, podría ser:


  1. Abrazarla: Crear un espacio interno para su acogida, en lugar de querer huir o rechazarla, estar ahí con ella.
  2. Observarla sin juicio: aunque su discurso no nos guste, como cuando escuchamos a un amigo, haciendo acto de presencia; para poder conocer sus razonamientos, su versión, ver que conducta quiere tomar, comprender sus motivos y ver dónde están sus raíces.
  3. Darnos una tregua de inacción: tiempo de pura observación y más tarde de reflexión, donde es aconsejable no tomar acción alguna de forma impulsiva y convulsiva. Dejar que pase la ola interna y procurar que esto no salpique al exterior.  Posteriormente y después de reflexionar, si es necesario, la emprenderemos.
  4. Aprender de ella: observar lo que nos remueve, puede que nos hable de una cualidad que nos falta desarrollar, de un dolor no reconocido o no redimido, de una carencia. Puede que su conducta quiera protegernos de algo, quizás ponga al descubierto alguna lección que nos queda por aprender o sencillamente nos muestra algo que ignorábamos. No olvidemos que es también una maestra de la vida.



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